La señora está sentada al lado de su
casa en ruinas después de la avalancha, una lágrima se desliza hasta caer sobre
la camiseta llena de barro en la que aun se puede leer “María del Socorro Alcalde”
La lluvia destruye, moja, sana, lava,
duele, irrita, alegra, maldice, bendice.
La hoja de zinc de la casa de helena
no es lo único que arrastra la corriente, los afiches políticos le dan color al
asunto y la eterna basura de la esquina va dejando un recuerdo en cada casa.
Poco a poco Campo Elías abandona la
pared y el concejal va dejando una mancha de cal en el andén. La mala
ortografía que anuncia el Pick up del viernes se deshace.
Las gotas golpean tan fuerte que
parece un reclamo, mi ciudad está sucia. Imagino la avenida Pedro de Heredia y
el rio de basura que la recorre. Imagino el centro y la basura que aflora, lo
comparo con el polvo que guardamos debajo del tapete.
A Helena no le importan los anuncios
de la otra calle. No quiere una Coca Cola, necesita ángeles pero no los que
atrae AXE, Rexona la abandonó y le importa un pito si el nuevo RENAULT está en
58 millones. Entre la cantidad agobiante de anuncios en uno se detiene “Crédito
de vivienda” retira la mirada de golpe y sigue buscando donde pasar la noche.
Toda una calle está adornada con
nuestros salvadores, nombres de concejales tapan el grafiti azul.
Las gotas bajaron la intensidad y el
muro no logró limpiarse, sobrevivieron los nombres a este invierno. El próximo
seguro ya no estarán allí, no porque la lluvia o tiempo los borraran, no, simplemente
serán reemplazados.
No veo a Helena entre tanta cosa.
Espero que me envíe señales de humo.
Clary Borja

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